Ensayo · IA y disciplina de capital · Parte 02 de 12
Un CIO me mostró una lámina con cuarenta y una iniciativas de IA. Con colores. Con responsables. Todas activas. Estaba orgulloso, y se lo había ganado, porque poner cuarenta y una cosas a funcionar dentro de una empresa de ese tamaño es difícil de verdad.
Le pregunté cuáles tres habían movido un número del estado de resultados. Se quedó callado un rato. Después dijo lo honesto: que no sabía, y que nadie se lo había preguntado antes.
Esa lámina es la trampa. No porque cuarenta y una sean demasiadas. Porque cuenta lo que no importa, y contar lo que no importa se siente igual que avanzar hasta que alguien pregunta.
Por qué contamos actividad
La actividad se cuenta. Pilotos lanzados, licencias desplegadas, equipos capacitados, modelos en producción. El número sube cada trimestre. Cabe en una lámina. Sobrevive a un directorio.
Los resultados no se cuentan igual. Para reclamar un resultado tienes que aislar lo que cambió por lo que compraste de lo que iba a cambiar de todas formas. Eso es trabajo analítico real. Casi ninguna organización tiene ese músculo, y construirlo no luce.
Así que caemos en lo contable. No por deshonestidad. Por gravedad.
Vi lo mismo en minería. Un programa de perforación se cuenta. Metros perforados, taladros completados, muestras ensayadas. Puedes reportar metros cada mes y parecer ocupado dos años. Lo que importa es si esos metros cambiaron el modelo de recursos, y esa conversación es mucho más difícil, así que el reporte mensual es metros.
La señal
Hay una señal confiable de que una iniciativa es actividad disfrazada de resultado. Pregunta qué número debe mover y escucha si la respuesta trae una unidad.
«Mejorar la experiencia del cliente» no tiene unidad. «Bajar el tiempo promedio de atención en noventa segundos» sí. «Los empleados dicen que ahorran cuatro horas por semana» tiene unidad pero es la equivocada, porque las horas ahorradas no son plata hasta que algo cambia aguas abajo: dotación, throughput o una línea de costo. Si no se espera que nada cambie aguas abajo, nunca hubo caso de negocio.
No es pedantería. La unidad es todo. Una iniciativa con unidad se puede matar con evidencia. Una sin unidad solo se puede matar con política, y por eso normalmente no se mata.
La objeción que sí tomo en serio
Alguien siempre dice que a la tecnología temprana no se le puede exigir un número del P&L, y que exigirlo mata la exploración. Es justo y estoy bastante de acuerdo.
La respuesta no es eximir la exploración de medición. Es ser honesto de que eso es lo que estás financiando, y dimensionarlo. La exploración recibe presupuesto chico, reloj fijo y una pregunta concreta que intenta responder. No se sienta en la lámina de iniciativas al lado de cosas que deben pagar.
Lo que sale mal es mezclar. Cuando exploración y producción comparten línea presupuestal, la exploración hereda la seriedad y la producción hereda la vaguedad. Las dos empeoran.
Qué hacer el lunes
Toma la lista de iniciativas. Para cada una, escribe qué número debe mover, en qué unidad, y para qué fecha.
Lo que no puedas llenar todavía no es una iniciativa. O es un experimento, y hay que etiquetarlo y financiarlo como tal, o es actividad, y hay que pararla.
La lista se va a acortar. Eso no es una pérdida. Cuarenta y una cosas que nadie puede calificar es peor que seis que puedes defender, y cuesta más.
El principio operativo. Si una iniciativa no tiene unidad, solo la política puede matarla. Ponle unidad o suéltala.
Juan Vegarra es autor de El Manual del Outsider. Las opiniones aquí son suyas. Más ensayos · Asesoría · Escríbeme